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En el ámbito de las artes y ciencias esotéricas, no existen códigos rígidos estrictamente establecidos que obliguen al medium o a cualquier otro tipo de psíquico como una pitonisa a adoptar determinadas herramientas y, menos aún, que les impida utilizar los instrumentos que consideren convenientes.

Qué sucedería, con la lectura de cartas, si la comunidad científica reconociera globalmente la eficacia de las cartas para adivinar asuntos desconocidos para el consultante? La respuestaes sencilla: se desestabilizarían todos los cimientos de la civilización.

Haciendo caso omiso del desdén con el que la ciencia “mira de reojo” a la cartomancia, analicemos algunos tópicos sobre este atractivo y seductor tema.

En primera instancia, digamos que para ser un buen cartomántico, según la opinión de la mayoría de los expertos, no es necesario haber nacido con ciertos dones “sobrenaturales”. No es necesario tener la capacidad de “ver” a través de una pared o de saber cuál será la siguiente persona de determinada familia que se casará, por ejemplo.

Para conocer de lectura de cartas no es necesario ser una especie de “iluminado” o “escogido”, aunque sí se requiere de ciertas aptitudes y actitudes.

La opinión predominante insiste en que, de lo que sí se requiere, es de gozar de la capacidad de la intuición. Si éste elemento está presente, el resto radica en estudio y práctica. El estudio es de cabal importancia, dada la complejidad de la mayoría de las barajas que han existido y existen actualmente.

Y cuando nos referimos a la “complejidad de las barajas”, no estamos aludiendo únicamente a la interpretación simbólica de su contenido sino, además, a la interpretación de la tirada, de las características personales del consultante, sus traumas recientes e infinidad de aspectos más.

Adivinar no es cuestión de leer dos o tres libros esotéricos y ver tres o cuatro tutoriales en la web. La cartomancia es una disciplina que se ha ido forjando, a sangre y fuego, a través de muchos siglos.

Y tanta historia hace que se recopile una cantidad de información tal que, para comprender los más recónditos escenarios de este arte milenario, se requiere de mucho estudio y de disponer de fuentes de conocimiento confiables.

La confiabilidad es asunto de la mayor trascendencia en el tema de la lectura de cartas. Las angustias, las necesidades y los deseos del ser humano se pueden tornar tan apremiantes y agobiantes, que se opta por buscar soluciones “donde sea y como sea”. Por eso es que pululan los “charlatantes”, abusadores y estafadores que, encontrando en la angustia de las personas un gran “caldo de cultivo” para hacer dinero, se hacen pasar y se auto publicitan como “cartománticos”, “brujos”, “videntes” y demás.

Por tales razones, es por lo que se hace necesario percatarse previamente sobre el profesionalismo del lector de cartas que avizoramos para que nos haga una tirada. Verdaderos profesionales en cartomancia sí existen y dotados de gran sabiduría y talento, por demás. Sólo se trata de saber buscar. Y podemos estar seguros que, si atinamos, nos podrán ser de gran ayuda.


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